Ciudad Apasionante

Desde siempre Buenos Aires ha sido una ciudad de puertas abiertas, caracterizada por la cercanía del gran río y la particular idiosincrasia del “porteño” (gentilicio que denomina al poblador de Buenos Aires por su condición de puerto). Este espíritu cordial y hospitalario, traza con frecuencia itinerarios inesperados para el turista, que suele hallarse sin pensarlo, invitado a compartir una comida, una fiesta o a una siempre lista ronda de “mate” con nuevos amigos porteños.

Aquella particular circunstancia que marcó el siglo XIX, puso a la ciudad un sello distintivo e indeleble. Hoy Buenos Aires se desataca por su cultura cosmopolita, producto de diversas culturas que la influyeron en su juventud. Españoles, italianos, polacos, rusos, irlandeses, ingleses… y los latinoamericanos y orientales que llegaron en el siglo XX, marcaron el carácter de ciudad diferente, que apasiona en su diversidad. Esta heterogeneidad y la huella de no muy lejanos ancestros, se tradujo también en una gran riqueza arquitectónica que en muchos pasajes de clima y colorido particulares recuerda al viejo continente, y recrea rincones únicos que suelen provocar el asombro del visitante. Vayan como ejemplo el reflejo de las calles de París en el reducto de La Recoleta, o de Viena en el estilo ampuloso de Retiro y algunos lugares del centro, de Madrid en la zona de la Avenida de Mayo, y hasta de oriente en el barrio chino de bajo Belgrano.

Ese mismo espíritu, de ciudad de varias ciudades dentro, desarrolla en quienes la han visitado alguna vez, la sensación de que Buenos Aires es una ciudad en continuo cambio y crecimiento a la que conviene volver, para encontrarla linda como siempre, pero también algo distinta.

Por eso, para conocerla hay que dedicarle tiempo. Recorrerla. Caminarla mirando frecuentemente hacia arriba. Vivirla con los oídos prestos y el alma sensible. Solo así se aprehenderán todos los mensajes que emanan de su compleja simbología de gran ciudad, de su agitada y breve historia. Sus memorias de opulencia y su esforzado presente. Sus frecuentemente exóticos ambientes, sus bellos detalles visuales, sus calles empedradas, sus aromas recurrentes de carne asada, de café de paso y de facturas recién horneadas. Sus ruidos, sus veredas arboladas, su tango omnipresente. Esa melancólica y porteña cadencia que brota muchas veces de las ventanas y le da a uno la convicción irrefutable de encontrarse aquí, en Buenos Aires.

Cuando el viajero ambicioso de verlo todo se dispone a tener lo mejor de la ciudad, el tiempo siempre es poco. Porque en Buenos Aires, visitar sus muchos museos, sus bellos monumentos o sus históricos teatros, siempre es tiempo que se va en un disfrute que uno no espera que acabe. Descansar de una caminata en las ineludibles mesitas de cafés de la Recoleta, o reponer fuerzas en un plácido restaurante de Puerto Madero o en una parrilla de barrio se transforma inevitablemente en una larga contemplación de la vida que ocurre alrededor y que lo invade a uno con la particularidad de una América Latina más parecida a Europa que el resto, pero tan latina como ninguna.

Comprando libros en la calle Corrientes o en Av. de Mayo corre uno el riesgo de dejarse seducir por las palabras de Borges, de Alfonsina Storni, de Arlt, José Hernández, Lugones o de tantos otros grandes poetas de estas tierras, y se le pasa la tarde. Si se trata de un paseo de compras en los muchos centros comerciales, seguramente la difícil decisión de elegir un mate, una pieza de plata, una obra de arte o una prenda de muy buen cuero argentino para regalar o regalarse, le va a hacer muy corta la jornada. A la noche, con todo por hacer, uno desearía poder multiplicarse en restaurantes, show de tango, pubs, milongas, bares, discos, cines, teatros, o paseos a la luz de la luna por San Telmo, Las Cañitas, Palermo, el Abasto “tanguero” o el centro, que siempre está despierto. Por eso en Buenos Aires nunca alcanza el día y es imprescindible organizarse. Guía, mapas, Tarjeta de Viajero en el bolsillo, y ganas de andar. Porque conocer Buenos Aires y disfrutarla es la misma cosa. No requiere esfuerzo, sino simplemente tiempo. Tiempo dedicado a ella, y dedicado a usted.

Buenos Aires es el Tango, es el mate entre amigos, el colectivo, el dulce de leche único, los tentadores alfajores. Buenos Aires es Polo, y es el Turf, es plazas llenas de perros y de niños, es fútbol, mucho fútbol. Buenos Aires es bellas mujeres, y es gente linda. Es mañanas con solcito todo el año, tardes únicas de café, y noches que nunca terminan. Es también asados de carnes increíbles, es excelentes vinos y es el río con el campo ahí nomás. Buenos Aires es casonas coloniales, es modernas torres como espejos, es pedazos de vida en sus museos y en sus ferias, es cine y es teatro. Buenos Aires es Gardel, es Evita, es Maradona, es Borges, es….
Buenos Aires es todo eso y mucho más. Porque sobre todo, es el calor y el color de su pueblo diferente y único; del orgulloso porteño, que aunque más no sea por orgullo y amor propio, querrá que usted se lleve de nuestra Buenos Aires siempre el mejor recuerdo.

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