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En Pinamar crearon un loco restaurante bar inspirado en los aviones

La barra del nuevo restaurante bar del aeródromo de Pinamar es una cabina de piloto, las mesas son las que usan los pasajeros de un avión comercial y hasta cuelgan máscaras de oxígeno que no serán nunca necesarias.

Un hombre está sentado en una butaca de un Boeing 737 de Aerolíneas Argentinas, pero no está a punto de viajar, sino que allí espera a los nuevos clientes, en el aerodromo de Pinamar. 

 

El arquitecto Claudio Gancedo, fanático de la aviación, construyó en el Aeroclub de Pinamar el que, según él, es el único bar en el mundo ambientado con partes de distintos aviones que desarmó para construir este lugar temático.

 

Su locura comenzó hace tres meses cuando junto a su socio Fernando Roig decidieron “ponerle onda” a una confitería que se caía a pedazos y que necesitaba aire fresco. Empezaron pintándolo y sacándole los manchones de humedad, pero faltaba algo más: “Estamos en un lugar relacionado con los aviación, de qué manera podíamos mejorarlo”, se preguntaron mientras tomaban una cerveza: “¿Y si buscamos desarmaderos de aviones y compramos las partes que estén por tirar?”, lanzó uno y se miraron fijo. La locura había empezado.

 

 

Hay partes de un Jumbo, Boeing 737 y de un Fokker F27. El techo está tapizado con un paracaídas enorme, la barra de tragos es una cabina de piloto, las mesas son las que vienen en los asientos de avión, por todos lados cuelgan los oxigenadores (esos que se desprenden cuando hay una emergencia), tiene también ventanas como decoración, baulera para dejar el bolso del caballero o la cartera de la dama y además dispenser para servir café o agua tal cual los hacen las azafatas en pleno vuelo.

 

“Todavía nos falta terminar con algunas cosas que ya compramos y no nos llegaron, pero la cocina funciona y la idea es que tanto los pinamarenses como los turistas vengan a conocerlo”, dice Claudio de 55 años y con 25 en la ciudad balnearia. Allí puede conseguirse hamburguesas, minutas, sándwiches, tartas y meriendas. “Pero si me avisan con tiempo se puede hacer un asado, cordero a la cruz o lo que sea”, agrega.

 

Para construir todo tardó tres meses. Primero en ir a buscar los materiales a hasta distintas localidades como Benavídez y Ezeiza y traerlo en fletes hasta Pinamar. Luego en elegir las mejores piezas y darle un orden, para más tarde colocarlas.

 

Para entrar a los baños hay que pasar por las puertas originales que se usaron en vuelos de Aerolíneas Argentinas. El de hombres dice “pilotos” y el de mujeres “azafatas”. Pero con esa distinción ya tuvieron algunas quejas: “Hace poco vino una chica que es piloto y se metió en el baño de hombres, cuando le dije que el otro era para mujeres me miró y me dijo ‘yo soy piloto así que entro acá’. La verdad que tenía razón, estamos evaluando cambiarlo”.

 

 

En el curriculum de Claudio figura la construcción que hizo junto a su hermano Rodolfo del histórico boliche KU, que cerró hace dos años, y también La Rosadita, la casa de Carlitos Menem Junior, el hijo del ex presidente Carlos Ménem, quien pasó allí sus últimas vacaciones antes de su muerte.

 

Hay un traje de piloto colgado sobre una de las paredes, también chalecos salvavidas distribuidos por el lugar. Se hace de noche y las luces se encienden, son las mismas luces originales que se prenden cuando los aviones ya están en el aire. Alguien pide un café y Claudio se lo trae. No hay riesgo de que se caiga. Acá todo está quieto, no hay turbulencia.

 

En un verano tibio, Pinamar suma un nuevo atractivo privado que seguramente habrá que visitar cuando uno esté cerca. Especialmente llamando el día anterior para que vayan preparando el asadito. 

 

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Fuente: DDA
Contacto: Info@destinosdeamerica.com


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