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Salinas del Diamante, San Rafael

Cualquier persona que esté viajando por la ruta nacional 144, que une los departamentos San Rafael y Malargüe, al llegar al kilómetro 744 se sorprenderá con la inmensidad de lo que a simple vista parece una enorme laguna, pero que no es otra cosa que una mina de sal a cielo abierto: las Salinas del Diamante (en el distrito de El Nihuil).

Descripción

La entrada a las salinas tiene un costo de 50 por auto, más allá de la cantidad de personas que viajen en él. Dentro del museo se encuentra personal de la empresa dispuesto a explicar detalles relacionados a qué es la sal y cómo es el proceso de extracción del mineral. Además, están predispuestos a aclarar cualquier duda que tenga el visitante.


El momento más impactante de la visita es cuando se procede a caminar sobre la enorme salina, que tiene una extensión de 2.500 hectáreas. Una verdadera laguna de sal.


Paso tras paso, se siente bajo los pies una extraña sensación ya que la dureza de la sal se mezcla con el agua propia del lugar, dejando huellas de calzado a lo largo del recorrido que lucen más oscuras que el resto del terreno.


Si se tiene suerte de llegar un día nublado, no habrá tanto resplandor. Lo ideal es asistir con lentes de sol que protejan la vista para poder recorrer mejor la salina y llegar a sitios donde el proceso de evaporación del agua ya está avanzado y la sal se ve más blanca.


Al ser un sitio a cielo abierto, se pueden observar pequeños insectos que quedan adheridos a la sal en bruto. Lo imponente del lugar emociona y es inevitable preguntarse cómo se formó algo así. “Cuando se formó la Cordillera de los Andes quedó un ojo de mar en medio de los cerros. El agua se fue absorbiendo a lo largo de millones de años”, explica Alias. 


Hoy, el proceso es inverso: el agua sale a la superficie y se evapora, lo que genera que la sal que contiene se vaya secando en contacto con el aire y el sol. El mineral, una vez extraído, pasa por un proceso industrial que la deja apta para el consumo humano.


A pesar de la inmensidad del lugar, la empresa ha colocado pequeños tocones que señalan hasta dónde se puede caminar para evitar accidentes. Apenas se cruza la tranquera llama la atención una colina de sal que se encuentra al costado de la laguna, a la derecha del camino. La misma está formada por sal que ya ha sido extraída y cualquier visitante puede aproximarse y tocar.


Tanto en el ingreso al museo como en las inmediaciones de la salina hay antiguas maquinarias que se utilizaron para extraer el mineral cuya explotación, como bien explica el gerente comercial, “es inagotable”.


Quienes quieran conocer el sitio tendrán tiempo hasta fines de febrero. De todas maneras, Alias adelantó que prevén abrir las puertas nuevamente “los fines de semana largos, para Semana Santa y las vacaciones de invierno”.


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