Viajeros-por-el-mundo

¿Por qué nos gusta tanto, pero tanto, viajar?

Quienes amamos viajar, los viajeros constantes que si no estamos de viaje estamos planeándolo, buscamos algo más que conocer nuevos lugares o destinos. Puestos a pensar en ello, llegamos a algunas conclusiones. A ver si las compartes.

Viajar, pensar en viajar, planear un viaje, recordar uno pasado… todas sensaciones de inigualable placer para mucha gente. A estas personas suele denominárselas "viajeros",

 

Viajeros vs. Turistas

 

No interpretemos esta divisicón como una oposición, pero creo que es muy diferente el turista del viajero. Una persona que vive una vida normalmente adaptada al sistema, y en las vacaciones planea un viaje de unos días, es un turista. Por lo general contrata agencias de viajes o compra paquetes armados de viaje+hotel en una plataforma online. Pero el viajero no. El viajero vive viajando, y cuando para es para organziar un viaje nuevo. Mira programas de viajes, consulta situis de viajes, pertenece a cuanta comunidad viajera, de mochileros, de couchsurfing, de destinos, de lo que sea que lo acerque a las rutas mientras no tiene posibilidad de viajar. Por lo general estas pausas obedecen a cuestiones económicas, pero el viaje está siempre en la cabeza. 

 

Un turista toma un vuelo y se molesta si el vuelo se retrasa un par de horas, y retrasa su disfrute hasta más tarde. El viajero, si acaso ha optado por viajar en avión y su vuelo se retrasa, disfrutará alguna caminata cercana, o se dedicará a tomar fototragías o a compartir su pausa en las redes sociales, pero el viaje comenzó cuando cargó su equipaje y cerró con una sonrisa la puerta de casa o de donde estuviese. 

 

Estas diferencias, que claro son muchas más, nos hicieron pensar en los motivos reales, íntimos, que hacen que viajemos así, vorazmente, incansablemente, irremediablemente. Y llegamos a algunas conclusiones que quizás compartas, y si no, nos harás llegar tu opinión. Son básicamente tres: 

 

1. La búsqueda de la libertad perdida

 

El ser humano fue creado libre, y su espíritu, muchas veces sometido a obligaciones y responsabilidades cotidianas contranatura, busca desesperadamente escapar de ese yugo enviando a nuestro cerebro estímulos constantes, asociados a recuerdos y emociones pasadas. La mayoría de nosotros no puede vivir sin desarrollar una actividad productiva que nos sustente, sea esta cotidiana o no. Los profesionales, empresarios o empeleados que por millones han asumido que esta es la condición de vida natural, se conforman con vacaciones anuales, o con breves viajes de fin de semana, otros bsucan tareas itinerantes que les permitan vivir viajando. Ambos, turistas y viajeros, coinciden en sus comentarios acerca de la sensación libertad única que les  provoca salir a la ruta. 

No entraremos aquí a juzgar acerca de si es o no correcto tener "sensación de libertad" o procurar la "verdadera libertad", pero creo que se entiende el concepto.

 

2. Práctica del desapego

 

Sin dudas otra de las condiciones espirituales que resulta inherente al ser humano es el desapego material. Claro que el sistema del mundo moderno nos ha atiborrado de objetos y servicios que parecen imprescindibles, y nos sometemos a ese mandato juiciosamente. Pero nuestro espíritu, que tiene memoria ancestral, celebra cuando somos capaces de dejar por un tiempo posesiones y seguridades para arriesgarnos a una aventura de unos días, semanas o meses. Aún cuando esta "aventura" se desarrolle entre vuelos en primera y hoteles 5 estrellas, nuestra mente celebrará que hayamos sido capaces de salir de casa, dejado el control remoto y librarnos a lo que un destino desconocido nos depare, poseyendo en ese instante, sólo lo que podamos cargar como equipaje.

  

3. Placer por descubrir algo nuevo

 

Por último, aunque probablemente haya muchos más motivos que nos empujen a viajar, y viajar, y viajar… creo que merece ser mencionado el espíritu conquistador y descubridor que todos llevamos dentro. Los pueblos antiguos, nómades o sedentarios, vivian descubriendo nuevas tierras y sitios recónditos. Gracias a ello hoy sabemos que la tierra es redonda y qué hay en cada lugar del planeta. 

Para todo ser humano, sin excepción creo, caminar por un lugar que jamás ha visto antes, comunicarse con personas diferentes a las de su círculo habitual, comer alimentos que no son parte de su dieta diaria… es una sensación de tal placer que no lo olvida nunca. Y eso, pienso, está relacionado nuevamente con el diseño espiritual del ser humano, al que hemos antinatutalmente sometido a modos de vida controlados y seguros, pero carentes de aventura. 

 

Hemos hecho muchas veces a muchas personas la pregunta "Cuál ha sido la esperiencia más placentera e inolvidable de tu vida?", y no recordamos a nadie (con la excepción de las madres que priorizan el nacimiento de sus hijos) que nos haya contado un momento que no se relacione con un viaje. Turistas y viajeros coinciden en esto. 

 

Cabe una reflexión final: ¿Será posible mejorar el sistema en que vivimos, para tener más libertad, desapego y aventura en nuestra vida cotidiana, o vamos pensando en un nuevo viaje, que esta vez dure toda la vida? 

 

Gracias por leer, por compartir y por comentar. 

 

 

Autor: Guillermo Dowyer | Destinos de America

 

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