Jesus5

Que la fe no se tome vacaciones

Desde hace años, en estas fechas "religiosas", propongo la misma reflección. Un intento de que el bien merecido descanso, el viaje con amigos o en familia, la escapada esperada y el turismo no tapen por completo la realidad de lo que se recuerda en estos

Desde hace años, en estas fechas “religiosas”, propongo la misma reflección. Un intento de que el bien merecido descanso, el viaje con amigos o en familia, la escapada esperada y el turismo no tapen por completo la realidad de lo que se recuerda en estos días. Hoy una vez más celebro que disfrutes los días festivos y esperó lo mejor de ellos para vos, pero resalto y rescato el significado de las pascuas para quienes se consideran cristianos.

Ya sabes claro si me conoces un poco, que no adhiero a la religión o a la liturgia humana de las celebraciones con oraciones ampulosas y ornamentados templos, pero me gusta ponernos a pensar que hoy recordamos que hace más de 1900 años, el padre de nuestra fe comenzaba los últimos cuatro días de su luminosa existencia.

Un jueves como hoy (suponiendo la veracidad de las fechas, cosa de menor importancia por cierto) Jesús era traicionado por uno de sus discípulos y llevado preso ante la presencia de la autoridad romana en Israel. Se le acusaba de decirse falsamente hijo de Dios y hacer muchos milagros en su nombre. El pueblo que hace apenas unas semanas lo había recibido con palmas y caravanas en Jerusalén, siendo objeto de muchos de esos milagros increíbles, ahora lo miraba estupefacto mientras era azotado con violencia por los romanos. Sus propios discípulos (los once que se supone no lo traicionaron) lo negaban y se ocultaban de él. Nadie evitó su condena a muerte, y como estaba escrito, al día siguiente fue azotado, avergonzado, clavado en sus muñecas y sus pies a una cruz de madera, y atravesado por una lanza en su costado, entregó su espíritu. Aquel jueves por la noche Jesús el Cristo estuvo muerto, librando una batalla con la muerte, por nuestra propia vida.

Al tercer día los testigos que fueron a buscarlo al sepulcro manifestaron que su cuerpo no estaba allí, aunque la inmensa roca custodiada por soldados romanos no se había movido. Ese mismo domingo el resucitado Jesucristo apareció a sus discípulos que estaban reunidos lamentando su muerte, sin haber comprendido el mensaje de su resurrección, y les mostró su cuerpo con las heridas de los clavos aún abiertas.

Por esa historia la denominación “Semana Santa” es mucho más que un buen argumento publicitario. Es una definición que quienes nos decimos cristianos deberíamos entender en toda su dimensión y revalorizar a la altura del sacrificio del hijo de Dios. Nuestro término “santo” proviene del griego”kodesh”, también reemplazado frecuentemente en los textos sagrados por su sinónimo ”hagios”, que definen o significan el estado de “separar para Dios” una cosa o ser determinado. En hebreo el término utilizado para definir este concepto era la palabra ”chasidim”. La idea de “separar para Dios” (tal como podríamos profundizar en el concepto de Iglesia, días de reposo, oración, meditación y otros similares) no implica escindirse definitivamente de nuestras obligaciones seculares ni alejarnos del mundo absolutamente, si no ofrendar parte de nuestra vida productiva a la celebración espiritual comprendida en el dogma de nuestra confesión espiritual.

Por eso, no es otra la finalidad de estos pensamientos compartidos que la de animarte a recuperar el orgullo de ser cristiano y el valor de haber sido adoptados como hijos de Dios a través de la muerte y resurrección de su hijo único. Y después de esto, ¿tendrá acaso alguna relevancia si estas de vacaciones o debiste permanecer en tu lugar de todos los días por el motivo que fuese? Claro que no. Porque la santidad, la dedicación a Dios, la espiritualidad que nos debemos no es cosa de cuatro días al año.

Puedo si en cambio dedicarle mi jueves, mi viernes, mi sábado, y celebrar su resurrección el domingo donde sea, y con quien haya elegido pasar este momento. Lo importante es que no olvidemos la verdad, que no dejemos de recuperar el valor de los días que dicen cosas importantes, que no dejemos de fomentar la espiritualidad en medio de un materialismo cada vez más espantoso, y que prediquemos a Jesús con el ejemplo de cada acto, siendo mejores personas, abrazando al que sufre, viviendo su victoria con la convicción que indefectiblemente lleva a la renuncia, y así quizás hagamos que su sacrificio no haya sido en vano.

Ahora sí, disfruta el paseo, tus merecidas vacaciones, vive el turismo en donde te encuentres, y abraza en cada acto al Cristo que resucitó para que vivas.

Felices Pascuas.

Guillermo Dowyer


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