Relato histórico

Origen del nombre

El nombre de Argentina proviene de “argentum” (Lat.) que significa “plata”. Este nombre fue dado por los colonizadores que observaron a los indígenas utilizar colgantes de este material y transportar cargas del mineral proveniente de Potosí (actual Bolivia) por las aguas del Río que también heredó su nombre (Río de la Plata).

Los comienzos de Argentina

Asentamientos como Piedra Museo y Los Toldos en la provincia de Santa Cruz, muestran que los primeros “argentinos” vivían aquí hace unos 13.000 años. Estos pueblos indígenas medianemante pacíficos y nómadas, basaban su subsistencia en la recolección de frutos, la pesca y la caza. En los comienzos del siglo XVI había Selk-Nam y Yámanas en Tierra del Fuego; Tehuelches en Chubut y Santa Cruz; Matacos en Chaco, Salta y Tucumán; Diaguitas y Mapuches en Neuquén, Río Negro, Chubut y La Pampa; Querandíes en Buenos Aires y Santa Fe; Guaraníes en Entre Ríos, Corrientes y Misiones; entre otros.
Entonces, cuando a principios del siglo XVI los primeros europeos llegaron a la hoy Argentina, los nativos ya habían detenido el avance de los Incas, que a través de Bolivia quería conquistar el norte del territorio.

Los comienzos de la conquista se remontan efectivamente a comienzos del siglo XVI, poco después del tercer viaje de Cristóbal Colón a las Indias.

El primer intento fundacional de Buenos que ocurrió en 1516, cuando arribó a las costas del Río de la plata el navegante portugués Juan Díaz de Solís, muerto junto a su tripulación por los indígenas que poblaban las riberas del río de la Plata y del Paraná.

Recién en Febrero de 1536 otro español, Pedro de Mendoza, ancló sus naves con alrededor de 2000 hombres y mujeres en una isla cercana, estableciendo el primer asentamiento en la zona que hoy ocupan San Telmo y Parque Lezama, al cual nombró primero Corpus Christi y después Nuestra Señora de la Buena Esperanza. Nuevos conflictos con los indígenas y el hambre producto de la distancia y el aislamiento, motivaron la pronta decisión de la corona española de abandonar nuevamente la colonia.

Mientras tanto, a principios de 1543, exitosas expediciones desde Perú siguieron el antiguo “camino del Inca” y originaron la fundación de las más antiguas ciudades argentinas: Santiago del Estero, Tucumán, Córdoba, Salta, La Rioja y San Salvador de Jujuy; y otras desde Chile a través de los Andes fundaron San Juan, Mendoza y San Luis. Recién en 1573, Juan de Garay, comisionado para fundar una población en las provincias del Plata, descendió el Paraná desde Asunción del Paraguay en compañía de nueve españoles y setenta cinco mancebos “criollos” y fundó la ciudad de Santa Fe, y poco después el 11 de Junio de 1580 establece la segunda y definitiva fundación de Buenos Aires a la que da el nombre de Ciudad del Espíritu Santo y Puerto de Santa María de los Buenos Ayres. Ese día Juan de Garay plantó en la actual plaza de Mayo el “Árbol de la Justicia”. garay ordenó el trazado de la ciudad según las Ordenanzas de Población de las Leyes de Indias, repartió solares y parcelas entre su compañía y designó a los integrantes del Cabildo.

La Gobernación de Buenos Aires formaba parte del Virreinato del Perú. Su escasa actividad comercial basada en el transporte con Lima y el contrabando desde el puerto, provocó que su población se mantuviera escasa por mucho tiempo. Los Reyes Católicos ponían todo su empeño en convertir a los indígenas al cristianismo y dictar una norma que decía que los indios eran libres e iguales a los españoles. Las órdenes religiosas, de Franciscanos, Dominicos, Agustinos y Jesuitas, se dedicaron particularmente a la enseñanza y fundaron “misiones” para evangelizar y occidentalizar a los amerindios.
La colonia crecía alrededor de los templos de los jesuitas y de la Plaza Mayor (hoy Plaza de Mayo). Frente a la plaza, donde hoy se ubica la casa central del Banco de la Nación Argentina, se reservó una manzana para el Adelantado y otra para el fuerte que se ubicaba donde hoy está la Casa Rosada, sede del gobierno nacional.
La ciudad estaba rodeada por las tierras que se habían destinado a la cría del ganado que los alimentaba y a la extracción de la leña que se usaba como combustible.

Más lejos se encontraban las chacras dedicadas al cultivo, que pertenecían en su mayoría a los vecinos del centro, y estancias destinadas a la cría de ganado mayor, que eran administradas por el Cabildo. La asignación de grandes parcelas de tierras a familias cercanas al poder español provoca que sitios históricos, cascos de estancia y suntuosas mansiones, testigos mudos de aquel esplendor colonial, en los más alejados y recónditos sitios de la urbanización moderna.

Durante este período post-fundacional la población sufrió frecuentes ataques indígenas que limitaron la expansión masiva del territorio de la gobernación de Buenos Aires hacia el interior, más allá de las costas del Paraná y del río de la Plata.
En 1594 se terminó la construcción del Fuerte que inició Garay. Estaba ubicado en un lugar privilegiado desde el que se divisaba la costa para protección de los piratas, que llegaban en escaso número a estas latitudes, los fondeaderos del Riachuelo, y “El Pozo” –en la actual zona de Retiro-.

La sociedad del Plata se formó entonces, con el aporte de las razas indígenas, la negra liberada de la esclavitud y la blanca europea, que confundieron sus creencias y civilizaciones en la colonia Argentina. Los hijos de españoles y nativos se llamaron “criollos”, los de blanco e india “mestizos”, y los de blanco y negra, “mulatos”.

Según el censo de 1744, Buenos Aires tenía 10.056 habitantes, y los campos de 186 propietarios unos 6.035 pobladores. Hasta mediados del siglo XVIII, cuando Buenos Aires pasó a ser Capital del Virreinato del Río de la Plata, la ciudad tenía apenas 27.000 habitantes y mantenía su aspecto colonial. En la actualidad Buenos Aires se divide en unos 50 barrios, cuenta con 12.000 manzanas, más de 3.000 calles y posee 25 parques.

En 1800 creció fuertemente la exportación de cueros bovinos y se introdujeron producciones europeas por el puerto hacia el resto del virreinato, lo que hizo crecer la importancia de Buenos Aires y comenzó a crear el ambiente de pujanza ideal para los hechos inminentes que culminarían con la independencia de España. Una fuerte burguesía comercial que manejaba el puerto, las estancias y la industria del cuero de Buenos Aires fue la fuerza que actuó en el movimiento revolucionario que creó lo que se denominó las Provincias Unidas del Río de la Plata.

El 25 de mayo de 1810 el Cabildo de Buenos Aires destituyó al virreinato, anunciando que un triunvirato local sería el depositario del poder del rey de España. Esta victoria moral desencadenó el apoyo de poderosos caudillos del interior del territorio, quienes se reunieron en la ciudad de Tucumán en marzo de 1816, proclamando el 9 de julio la independencia definitiva del gobierno español y conformando la Primera Junta de gobierno.

Buenos Aires conducía política y militarmente y la figura de su gobernador Juan Manuel de Rosas aglutinaban tras de sí un país que intentaba llevar a cabo la consolidación del sistema federal. En este marco fue decisiva la acción del Gral. José de San Martín, quien organizo el ejército que derrotó a los realistas en Argentina, cruzó los Andes para libertar también a Chile, y luego al Perú. Este proceso revolucionario iniciado en 1810, concluye en 1820 al dejar de tener vigencia la Real Ordenanza de Intendentes que organizaba territorialmente al Virreinato del Río de la Plata. En los años que siguen hasta 1880 se logra la unión jurídica del país, la incorporación de los territorios de la Patagonia y comienza la era de la Argentina moderna.

La década del ‘80 constituyó el período de mayor transformación de la historia.
La prosperidad generada por el puerto de Buenos Aires, la federalización y la expansión de los ferrocarriles ingleses, atrajo del interior del país a una generación de jóvenes profesionales, educadores y políticos que junto a los porteños produjo un movimiento cultural, literario y político conocido como la “generación del ochenta”.
La paz política y el resonante crecimiento económico y cultural de la república fue conocido en todo el mundo, y provocó que alrededor de tres millones de inmigrantes llegaran a Buenos Aires en esos años provenientes de todo el planeta. La inmigración se hizo parte de la raza criolla. Aportó a la joven patria la sangre fuerte que necesitaba para crecer hacia un destino de nación siempre protagonista de América, y dejó en cada esquina, y en cada rostro argentinos, su huella indeleble.

La Argentina moderna

1900. Ordenado social y políticamente, el país crecía y se fortalecía. En esta época surgen ciertos fenómenos culturales que configuran la personalidad de la Argentina y en especial de su capital: el Tango se presenta en sociedad y su ritmo melancólico evoca la idiosincrasia de un pueblo con orígenes particulares y únicos. El ferrocarril y el tranvía habían dado movimiento a los barrios más alejados de Buenos Aires, que por estos años van adquiriendo sus características definitivas. Este esplendor que cimentó el país en muchos órdenes y dio a Buenos Aires la categoría de gran ciudad, provocó también las primeras crisis institucionales, producto de una clase política incapaz y un pueblo grande y fuerte, pero demasiado joven e inexperto.

En 1916 Hipólito Irigoyen, del Partido Radical, asume la presidencia de la República, hasta que en 1930 es derrocado por el primer golpe militar. Un año más tarde se llama a elecciones y triunfa Agustín P. Justo, que gobernará hasta las sangrientas elecciones de septiembre de 1937. Asume Ortiz, quien gravemente enfermo tuvo que ceder el mandato a su vicepresidente. El 27 de Junio de 1942 renuncia y fallece días después. En 1943, ante fuertes rumores de fraude, un nuevo golpe de estado establece a Edelmiro Farrel, junto a quien asume funciones el Teniente General Juan Domingo Perón, llegando a ser su vicepresidente.

En 1946, y hasta 1955 asume la presidencia el ya General, Perón, quien junto a la descollante figura de su esposa María Eva Duarte, “Evita”, se ganaron el apoyo de las crecientes clases obreras y produjeron el gran cambio social de la nueva Argentina. El marco de la guerra mundial favoreció el “boom” industrial y colocó a Argentina en el 5º lugar entre los países del mundo.

De allí en adelante se sucedieron incansablemente gobiernos del partido Peronista y el partido Radical, interrumpidos sólo por golpes militares que instituyeron gobiernos de facto, alentados ora por la oposición, ora por las clases dominantes en su disconformidad con el oficialismo.

Los años más oscuros comienzan en 1976, con la caída del gobierno de la segunda esposa del Gral. Perón María Isabel Martínez. Representantes del poder económico concetrado y parte de la población alentaron el derrocamiento de un poder político debilitado, a manos de las fuerzas armadas del país. El enfrentamiento entre grupos políticos resistentes al poder militar y el estado tomado por éste, llevó a sangrientos enfrentamientos en todo el país, especialmente en Buenos Aires y Tucumán. Surgieron entonces movimientos revolucionarios de resistencia como el Ejército Revolucionario del pueblo ERP y los Montoneros, quienes junto a las Fuerzas Armadas y los grupos paramilitares surgidos del poder, signaron una época que ha dejado huellas de sangre indelebles en la historia argentina. Miles de muertos inocentes de ambos bandos, miles de militantes políticos desaparecidos, familias diezmadas y una sociedad profundamente dividida, coronaron el período más negro de la historia argentina.

Del reclamo por la aparición con vida de militantes y ciudadanos desaparecidos, nacen las Madres de Plaza de Mayo, que cobraron fama mundial entre las organizaciones de Derechos humanos. Luego las Abuelas de Plaza de Mayo surgen para trabajar en la recuperación de los niños expropiados a sus padres, entregados ilegalmente a familias sustitutas por el poder militar.

El 2 de Abril de 1982 la junta militar decide invadir las islas Malvinas (Falkland para sus ocupantes británicos) apostando a que una victoria fortaleciera su debilitado poder. La derrota Argentina por parte de Inglaterra y sus aliados (EEUU y la OTAN) deja al desnudo la total incapacidad de los militares para conducir el país, y esto lleva al final de una era sin democracia.
El último gobierno militar entrega el poder el 30 de octubre de 1983 y llega por fin una era democrática que dura hasta hoy.

Asume un nuevo presidente radical, el Dr. Raúl Alfonsín, quien se ocupa prematuramente y entonces sin éxito de curar las heridas del pasado reciente. En medio de una nueva crisis económica que tampoco logra dominar, enfrentado con los sindicatos, la industria y media sociedad, no puede sostenerse en el poder y lo entrega anticipadamente a quien había ganado las recientes elecciones presidenciales y asumiría en Diciembre el peronista Carlos Saúl Menem.
Aunque severamente castigada por una inflación que había llegado al 1300% en 1990 y recién estaba siendo llevada a niveles normales, Argentina se embarcó durante la década del ‘90 en ambiciosos proyectos de modernización que le prometían un lugar en el Primer Mundo.

El gobierno del presidente Ménem produce una gran transformación en la vida económica del país, basada primero en la fuerte introducción de capitales internacionales producto de la irresponsable liquidación de las empresas del estado, y luego, en el control de cambio llamado “convertibilidad” por su Ministro de Economía Domingo Cavallo que fijaba el valor de U$S1 en AR$1.
Estas medidas llevaron a la modernización de los servicios a la altura del mundo desarrollado y permitieron los argentinos conocer el mundo y consumir costosos productos importados al precio de los nacionales, pero por otro lado acabaron con la industria nacional, empobreciendo a las clases trabajadoras por la seria caída en los niveles salariales y ampliando gravemente la brecha existente en el reparto de la riqueza.

Buscando salir del perverso sistema económico y del régimen de un debilitado Menem, otro Radical, Fernando de la Rúa, asume el 10 de diciembre de 1999, gracias a una débil y oportunista alianza opositora. A sólo once meses, en medio de un escándalo por corrupción en el senado, renunció su vicepresidente y cabeza del principal partido aliado. En marzo de 2001 también lo hizo el ministro de economía, y su sucesor sólo duró 14 días. Increíblemente es convocado nuevamente Domingo Cavallo (ex ministro de economía de Menem y artífice de uno de los peores desastres económicos de Argentina) y a la par que el gobierno perdía reacción y poder, la crisis se profundizaba.

El 30 de noviembre el gobierno pidió a la gente que dejara su dinero en los bancos y aseguró que los depósitos bancarios estaban garantizados en su moneda original. Horas después anunciaba un “corralito” financiero que congelaba los depósitos y prohibía las extracciones bancarias. Los habitantes de Buenos Aires comenzaron a manifestar su repudio a las medidas en lo que se denominó “el cacerolazo”. El 19 de diciembre del 2001 el pueblo y los sectores de poder pidieron la renuncia del Ministro de Economía y el fin del plan. Ese mismo día y ante el incremento de la inestabilidad social, con saqueos a mercados y movilizaciones espontáneas en todo el país, el presidente declaró el estado de sitio.

El 20 de diciembre, acorralado por una masiva manifestación popular en la Plaza de Mayo y el congreso, seguida de una sangrienta represión que dejó varios muertos, el Presidente presentó su renuncia y dejo la Casa Rosada en helicóptero. Su renuncia anticipada sello histórico de los gobiernos radicales marco el comienzo del fin de la que fue quizás la peor crisis política y económica de la historia de Argentina.

En los siguientes seis meses Argentina vivió la increíble y maratónica sucesión de seis presidentes. El último de los cinco interinos Eduardo Duhalde, ex vicepresidente de Menem devaluó el peso acabando con la “convertibilidad” AR$1=U$S1 y convocó a elecciones el 27 de abril de 2003. Ese día, Carlos Menem nuevamente y el actual presidente, el Dr. Néstor Kirchner entonces Gobernador de Santa Cruz, pasaron a una segunda ronda a la que Menem desistió por que las encuestan no lo favorecían. Dependiendo de su país de origen esto le parecerá ficción, pero fue otro triste y olvidable lapso de nuestra breve pero convulsionada historia.

Argentina hoy

Hoy Argentina se encuentra en franco crecimiento, recomponiendo su orden institucional, recuperando los valores del trabajo y el respeto social que la hicieron grande. El proceso de renovación urbana, la profusión cultural y la creciente actividad comercial y productiva, estarán a su vista en cada sitio de Argentina que Usted visite. También estarán las huellas de la caída de la que el país está reponiéndose. Los “piquetes” (movimientos sociales que se caracterizan por cortes de calles, avenidas y puentes) que en menor medida que en la década pasada aún se suceden, las villas de emergencia (barrios carenciados formados por cientos de pequeñas construcciones precarias), los niños pidiendo dinero o vendiendo baratijas en las calles, y hasta quienes duermen a la intemperie.
Ese contraste, frecuente en nuestra América Latina, estará en cada excursión o paseo de compras que realice por Argentina, testigo de un modelo injusto, de un capitalismo homicida en decadencia y de gobiernos corruptos e inoperantes, como testigos del pasado y señales emergentes de un país empobrecido durante decenios.
El gobierno de Cristina Fernández de Kircher, sucesora de Néstor Kirchner, anterior presidente recientemente fallecido, trabaja con éxito para superar la peor crisis de la historia argentina y avanzar hacia un futuro más justo con posibilidades para todos.

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